html
GUIAS PRACTICAS, EJEMPLOS REALES Y RECURSOS SENCILLOS QUE TE AYUDARAN A REDACTAR TUS PROYECTOS O TESIS EN EDUCACION.

miércoles, 18 de febrero de 2026

 Cuando un niño te desafía o intenta pegar

María Dávalos R.


Lo que realmente está ocurriendo y cómo actuar sin perder la calma. Hay momentos en la crianza que nos sacuden profundamente.

Tu hijo te grita. Te reta. Te mira fi aljamente y parece desafiarte.

Incluso intenta pegarte.

Y en ese instante, algo se activa en ti: frustración, enojo, vergüenza, miedo de estar perdiendo autoridad, miedo de estar fallando.

Muchos padres dicen:

“Yo no le enseño eso.”

“En mi casa no se habla así.”

“No entiendo por qué me desafía.”

Antes de responder desde la rabia o el orgullo, es fundamental comprender qué está ocurriendo realmente en el cerebro y en el mundo emocional de un niño pequeño.

Muchos niños se comportan peor cuando se sienten desconectados emocionalmente.

No porque no los quieran.

Sino porque el día estuvo lleno de:

Correcciones.

  • Apuro.
  • Órdenes.
  • Pantallas.
  • Distracciones.

Antes de corregir su conducta, revisa conexión.

Preguntas que tu mamá papá  pueden empezar por hacerse:

  • ¿He tenido 10 minutos de conexión exclusiva hoy con mi niño?
  • ¿Le hablé más para corregir que para conectar?
  • ¿Me he mostrado emocionalmente disponible?

Con estas preguntas podemos empezar cuando la situación ocurre. Analicemos a continuación lo siguiente.

1. Lo que realmente está ocurriendo (y no es lo que imaginas)

Entre los 3 y 5 años el cerebro emocional del niño está mucho más desarrollado que el cerebro que regula impulsos y toma decisiones racionales.

Esto significa que:

  • Siente intensamente.
  • Reacciona impulsivamente.
  • Tiene poca capacidad de autocontrol.
  • Está aprendiendo a manejar la frustración.

Cuando un niño grita o intenta pegar, no necesariamente está intentando dominarte.

Está mostrando que su sistema emocional se desbordó y no sabe qué hacer con lo que siente.

El desafío en esta etapa muchas veces es una mezcla de:

  • Frustración.
  • Necesidad de autonomía.
  • Necesidad de conexión.
  • Falta de habilidades emocionales.
  • Imitación de modelos observados.
  • Cansancio o sobre estimulación.

No es falta de amor.

No es maldad.

Es inmadurez emocional.

Pero eso no significa que debas permitirlo.

2. Qué hacer en el momento en que ocurre

Aquí está el punto clave.

El momento del estallido es el momento donde más se educa.

Paso 1: Regula tu propio cuerpo

Antes de hablar, respira.

Si tu cuerpo se activa (mandíbula tensa, corazón acelerado, tono elevado), el cerebro del niño percibe amenaza y se activa más.

Tu calma es el ancla emocional.

No se trata de ser perfecto.

Se trata de no empeorar el desborde.

Si necesitas unos segundos, tómalo.

Respira profundo y lento.

Paso 2: Detén la conducta con firmeza física tranquila

Si intenta pegar, puedes sostener suavemente su muñeca o interponer tu mano con firmeza y decir:

“No te voy a dejar pegar.”

No es una amenaza.

Es un límite claro.

El niño necesita sentir que el adulto controla la situación sin violencia.

Paso 3: Baja a su altura

  • Agáchate.
  • Contacto visual.
  • Tono firme pero calmado.
  • No grites desde arriba.
  • No hables desde otra habitación.
  • El mensaje debe ser claro y corto.

Paso 4: Nombra la emoción

Muchos niños reaccionan porque no saben poner en palabras lo que sienten.

Puedes decir:

“Estás muy enojado.”

“Eso te frustró.”

“Querías que fuera diferente.”

Nombrar la emoción ayuda al cerebro a organizarse.

No es justificar la conducta.

Es enseñar autoconocimiento.

Paso 5: Mantén el límite

La empatía no elimina el límite.

Puedes decir:

“Entiendo que estés enojado, pero no está permitido pegar.”

Esa combinación (empatía + límite) es poderosa.

Paso 6: Acompaña hasta que se calme

No expliques demasiado en pleno berrinche.

El cerebro racional del niño está desconectado en ese momento.

Primero calma. Luego enseñanza.

3. Qué hacer después de que se calmó

Este momento es oro pedagógico.

Cuando esté tranquilo:

  • Explícale qué ocurrió.
  • Pregúntale qué sintió.
  • Enséñale qué puede hacer la próxima vez.
  • Practiquen alternativas.

Por ejemplo:

“Cuando estés enojado puedes decir ‘no me gusta’.”

“Puedes apretar fuerte una pelota.”

“Puedes venir y pedirme ayuda.”

La regulación emocional se entrena.

4. Qué NO hacer (porque aumenta la conducta)

Aquí es donde muchos padres, sin querer, refuerzan el problema.

1. Gritar más fuerte

El niño aprende que la agresión es una forma válida de comunicación.

2. Golpear “para que aprenda”

Solo aprende miedo, no autocontrol.

3. Humillar o avergonzar

Frases como: “Qué vergüenza.” “Eres malo.” “Siempre haces lo mismo.”

Dañan la autoestima y aumentan la agresividad futura.

4. Ignorar completamente la agresión

La conducta necesita límite. Ignorar puede reforzarla.

5. Dar largos discursos en pleno berrinche

El niño no puede procesarlos.

Algo muy importante: el desafío no es falta de respeto

Entre los 3 y 5 años el niño está descubriendo:

Que tiene voluntad propia.

Que puede decir “no”.

Que puede probar límites.

Esto es desarrollo normal.

El problema no es que pruebe límites.

El problema es si el adulto responde con violencia, miedo o incoherencia.

6. Consistencia: la clave invisible

Si hoy permites algo que ayer prohibiste, el niño probará más.

Si hoy gritas y mañana eres calmado, el mensaje es confuso.

La firmeza tranquila repetida en el tiempo construye autocontrol.

Suele ocurrir lo siguiente (lo cual está mal)

Un día castigo fuerte.

Otro día lo dejo pasar.

Otro día me río.

El cerebro infantil necesita coherencia para aprender.

Sin coherencia no hay aprendizaje emocional.

No necesitas ser perfecto.

Necesitas ser consistente.

7. Y si esto ocurre muy seguido…

Si el desafío es constante, intenso y frecuente, puede haber factores adicionales:

  • Cambios familiares.
  • Estrés en casa.
  • Necesidad de mayor conexión.
  • Dificultades emocionales más profundas.

En esos casos, no es debilidad pedir orientación profesional. Y ¿Cuándo consultar a un profesional?

  • Agresión intensa y diaria.
  • Golpes a otros niños frecuentes.
  • Crueldad persistente.
  • Incapacidad total de regulación.
  • Violencia fuera del hogar.

8. Un mensaje para ti, padre o madre

Si tu hijo te desafía o intenta pegar, no significa que estés fallando.

Significa que estás educando a un ser humano en proceso de aprender a manejar emociones complejas.

Tu tarea no es eliminar el enojo. Es enseñar cómo vivirlo sin dañar.

Cada vez que eliges firmeza con calma, cada vez que pones límite sin humillar, cada vez que vuelves a intentarlo,

estás formando una base emocional que lo acompañará toda la vida.

Y eso sí es educación profunda.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Comenta:

Intercambio

Licencia Creative Commons
Perspectiva by http://elblogdecharitodr.blogspot.com/ esta bajo licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.