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domingo, 17 de abril de 2011

¿De donde partir en la investigación antropológica?

Reflexiones
Charo Dávalos R.
          
     Un aspecto que siempre ha estado presente en el hombre, es su deseo de encontrar respuestas a todo el misterio y enigma que encierra su propia existencia.  Y en comparación al resto de seres vivos, resulta ser el único que puede preguntarse sobre su ser, y en ese continuo esfuerzo, surgen numerosas respuestas consideradas por muchos como realistas, como también contradictorias, de ahí la necesidad de plantear la cuestión de qué debe ser antropología filosófica y su metodología.
          Si bien, existen muchas ciencias que han aportado a la investigación antropológica, también es cierto que todas ellas habría que integrarse, a fin de enriquecer el estudio del hombre. Esto nos estaría sugiriendo, que el hombre no podría ser entendido  si no se analiza la totalidad de él, es decir, que ello exigiría la integración a modo de síntesis de los diferentes aportes y los resultados de nuestra investigación científica. Claro está que, lo que habría de preocuparnos, es si dicha síntesis no responde a selecciones arbitrarias. En ese sentido, no podríamos hablar de antropología filosófica si los resultados científicos particulares no se unifican.


          Por consiguiente, si se desea tener un alcance antropológico, se tiene que partir de una preconcepción del significado de hombre. Ese pre-conocimiento, nos permite valorar nuestros descubrimientos. Así por ejemplo, el psicólogo en su investigación, se guía por un conocimiento preliminar del hombre, pues eso le despertará la curiosidad o interés por los procesos psíquicos.  De otra parte, el interrogarse sobre la esencia del hombre, es necesario aceptar las hipótesis que tiene de sí mismo y que ha de afrontar.  De ahí la necesidad de comprender en forma preliminar -como si fuese una visión panorámica-  todos los contenidos particulares que así como tengan fundamentos, sean corregidos críticamente antes de integrarlos. La idea es que la totalidad humana no se reduzca a un determinado fenómeno particular.
          Ahora bien, ¿cómo saber si un contenido particular es el adecuado para ser parte de la totalidad humana?. La respuesta sería que sólo podría considerarse válido un fenómeno particular cuando éste nos permite mostrar la totalidad del ser humano (por ejemplo, la teoría evolucionista), sólo hay que recordar, que por privilegiado que sea ese contenido particular, no debemos limitarnos o “encerrarnos” en ella. No existe en ese sentido un punto de partida absoluto y libre de condicionamientos  desde el que pudiera desarrollarse una antropología filosófica.
          Un elemento metodológico de antropología filosófica es la reflexión trascendental, el cual supone analizar el fenómeno (la propia realización, la experiencia de sí mismo, pero como el hombre se encuentra en “su mundo”,  empezaremos por centrar nuestra mirada en el mundo del hombre. El sólo podrá entenderse a sí mismo desde la relación transcendental (religiosa, personal y divina del ser). En consecuencia, una antropología filosófica plenamente desarrollada, es una metafísica (conocimiento de los principios primeros y de las causas de las cosas), además es una inteligencia del ser. Una comprensión plena exige entender al hombre desde el fundamento del ser (antropología) y en la totalidad del ser (ontología).

          El Transfondo histórico
          Como se indicó líneas atrás, frente a la interrogante del hombre sobre su propia esencia, surgió en él la búsqueda del principio de todas las cosas, como ocurrió en el pensamiento griego. Para ellos, el hombre es el centro que unifica, es un microcosmos, porque es una unidad superior que refleja la del universo, y en el que se caracteriza su alma, que está por encima del mundo “mundano”. Los griegos de la antiguedad intentaron comprender el sentido del hombre por el origen divino de donde procede el alma.  Entre los principales aportes de filósofos de la antigüedad, tenemos por ejemplo a Tales de Mileto, quien sostuvo que del principio primero derivan todos los seres y los cambios; Heráclito de Efeso y Parménides, quienes señalan que un hombre se caracteriza por su capacidad de pensar; Sócrates,  quien habla del hombre como ser racional; y Platón, de  la inmortalidad del alma.  Además, señala que la ciencia y la dignidad del hombre se sitúan únicamente en lo espiritual. Aristóteles, sostiene que el hombre posee materia y forma, y estas cualidades corresponden a cuerpo y alma. Su ser espiritual se define por su conocimiento.
          Todos estos aportes, nos demuestra, que en la antigüedad griega, el hombre intenta descubrir su origen, aunque este pensamiento aún tiene un alto contenido mítico, además de creer en el destino predeterminado.
          En lo que respecta a la edad media, se sabe que, a diferencia de los griegos de la antigüedad, priman en esta etapa las concepciones cristianas, las cuales nos hablan sobre el mensaje de salvación para el hombre concreto en la historia, y que el mundo es producto de la palabra creadora de Dios, siendo el hombre imagen y semejanza de él. En ese contexto, el mensaje de salvación exige en cada ser humano, actitudes de entrega personal a Dios con fe y amor. Es en esta reflexión filosófica-teológica que por primera vez se acuña el concepto de persona.
          Los grandes exponentes en esta etapa, son San Agustín, para quien la facultad suprema del hombre es el libre albedrío, concepción que por cierto llegó a dominar en toda la edad media y que fuera influenciada por el neoplatonismo; y Tomás de Aquino, cuya doctrina supone que la facultad suprema del hombre es la inteligencia, concepción que tuvo influencia de la doctrina aristotélica.
          En lo que respecta a la Edad moderna, se sabe que con la llegada del humanismo, se le da nueva vida a la antigüedad clásica, y se produce una grave crisis de la Iglesia. Más aún, con la revolución copernicana (teoría geocéntrica), el hombre que se siente a partir de entonces parte de un universo sin fronteras, pierde toda orientación y seguridad, lo que lo obliga a reflexionar sobre sí mismo y el sentido de su vida, aunque lo cierto es que todavía no llega a configurar una antropología filosófica. En esta etapa destaca Descartes, cuyo racionalismo lo orienta a concluir que el hombre es un “sujeto pensante”. Para Kant, la cuestión acerca del hombre es el fundamento último de toda filosofía, sin embargo, tampoco consigue trazar una antropología en esa línea. Lo resaltable en todo caso, es que aparece la expresión clave ¿qué es el hombre?. Por consiguiente, la imagen humana aún es reducida a un ser racional y no al hombre total y concreto.
          Desde el siglo XVI,  ocurre un giro antropológico, pues ésta se orienta a la consideración del hombre en su auto experiencia concreta. Con la llegada del siglo XIX, la antropología filosófica toma mayor fuerza. En cuanto a las doctrinas que priman, podemos resaltar al Materialismo y evolucionismo. Para el primero, el hombre es una realidad material y está sujeta a las mismas leyes que el resto del mundo.
          La teoría evolucionista de Darwin en cambio, si bien no era novedosa, aporta hondamente sobre la evolución de las formas vivas, explicándola mediante la teoría de la selección natural.  Los individuos capaces de vivir, se mantienen, reproducen y desarrollan, y los que tiene vida precaria, son destruidos. Si bien Darwin influencia en Nietzsche, éste último discrepa con él en cuanto considera que la evolución se realiza por la libre competencia entre hombres, que producirá el superhombre. La influencia de Darwin se observará también en Kaeckel, Marx y Engels, quienes agregan a la concepción materialista el término dinamismo, es decir, la realidad material no es estática sino dinámica.
          Marx por ejemplo, desea que el hombre se libere de su alienación y para ello es necesario ayudarle a defender sus derechos sociales, siendo así exigible la “lucha de clases” cuya meta es una sociedad sin clases.
          El  Existencialismo y personalismo si bien son orientaciones ideológicas distintas, ambas convienen en la autoexperiencia concreta del hombre. Kierkegard (fundador del existencialismo) habla del “hombre individual y concreto” en la totalidad de su experiencia personal, de su autonomía, de su libertad y responsabilidad; y es Dios en quien puede encontrar el sentido de su existencia. Pero la existencia no se analiza racionalmente, sino que se explica desde la experiencia personal,  desde la comprensión que tiene de sí mismo.
          Para Heidegger, lo que más importa no es el hombre, sino el ser, y gracias a la inteligencia del ser es que puede analizar su existencia, la que es temporal. Jaspers opina que el hombre se supera constantemente a si mismo, pero también tropieza y se ve rechazado contra sí, por tanto fracasa. Finalmente, Sartre, mantiene una forma más radical de existencialismo, pues se inclina por la nulidad y el sinsentido de la existencia humana.


2.-     Cómo entendemos la antropología filosófica
          La antropología filosófica es el análisis de la totalidad del ser humano. Y señala “totalidad” por cuanto sugiere que para responder sobre la esencia del hombre, es necesario  el complemento de los aportes de las demás ciencias o investigaciones científicas, pues si sostenemos sólo algunas de ellas, estaríamos olvidando que las ciencias particulares están limitadas en su contenido y método, en donde la mayoría, no son capaces de afirmar algo sobre su esencia y ni siquiera preguntarse por ella, además de no ofrecer por sí solas puntos de partida filosófico
          Y es que el hombre es un ser concreto, y es el único que puede interrogarse sobre su existencia, dado que los demás seres que forman parte de su entorno, tienen una existencia inconsciente. El sólo hecho de preguntarse sobre sí mismo, nos indica que  posee un pre-conocimiento de lo que se pregunta, es decir, existe conciencia y comprensión de sí en alguna medida, aunque, claro está, a pesar de este pre-conocimiento, él sigue siendo un continuo misterio, un  problema en la medida que cuanto más sabe de sí, siempre sabe menos.
          Así mismo, la tarea de la antropología filosófica será el desarrollar sistemáticamente esa supuesta totalidad. Una simple colección de resultados científicos particulares que no alcance la unidad y totalidad precedente  que supone como condición, no es todavía antropología filosófica. Ella tendrá que desarrollar los métodos que les son propios y congruentes al campo de su objeto, descartando aquellos que no le competen. 
          Por tal motivo, la antropología filosófica exige un método que sea fenomenológico (la fenomenología es la para Husserl “la esencia del ser”) como trascendente. De esta forma tendrá que partir de lo que entiende o comprende el hombre de sí mismo, lo que exige realizar una reflexión trascendental o aquello que es de mucha importancia por sus consecuencias.
          Es indudable la necesidad que en nuestro análisis, ver al hombre en su totalidad, siendo para ello necesario el aporte de las ciencias particulares, pues cada cual tiene una óptica diferente de entender la esencia del hombre y su papel en el mundo del cual forma parte.  Si bien es cierto que cada ciencia tiene su método en particular, también es cierto que ante ello se hace necesario -como refiere el autor- un método que nos permita integrar todas aquellas limitaciones provenientes de cada cual.
          La antropología a pesar de enriquecerse de muchas ciencias empíricas particulares, la antropología filosófica requiere de un análisis fenomenológico y metafísico del ser, es decir, es indispensable partir de la auto experiencia del hombre, la que deberá debe esforzarse por analizar a partir de ese punto la esencia del hombre .  Además, los retos que tiene que enfrentar el hombre en el mundo “mundano”, ya es una forma de  invitación para analizar partiendo de su propia experiencia, lo cual también es un reto a su razón.
     

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