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lunes, 29 de octubre de 2012

El control emocional


 Definiendo el control emocional
Es la habilidad de controlar nuestras propias emociones e impulsos para adecuarlos a un objetivo, de responsabilizarse de los propios actos, de pensar antes de actuar y de evitar los juicios prematuros. Las personas que poseen esta competencia son sinceras e íntegras, controlan el estrés y la ansiedad ante situaciones comprometidas y son flexibles ante los cambios o las nuevas ideas[1].
Por control emocional no entendemos ahogar o reprimir las emociones, sino regular, controlar o eventualmente modificar estados anímicos y sentimientos -o su manifestación inmediata- cuando éstos son inconvenientes en una situación dada.
Un control de la afectividad, supone desarrollar la capacidad de gobernar las experiencias afectivas, esto es, de adecuarlas a las situaciones y ponerlas al servicio de los proyectos vitales. La persona con control emocional se autodomina, afronta los altibajos de la vida y mantiene el equilibrio afectivo, o sea, la templanza.

Por qué y Cómo controlar las emociones
Forma parte de la sabiduría universal el hecho de que los sentimientos alteran el pensamiento: cuando estamos ‘ciegos de rabia’, ‘enfurecidos como un toro de lidia’ o ‘locamente enamorados’, el propio lenguaje indica que la razón y el pensamiento, en tales situaciones, no tienen la más mínima oportunidad de éxito.
Como vimos antes, las emociones básicas vinculadas al hambre, la sed, el miedo, la ira, la sexualidad y el cuidado de los niños, forman parte de nuestro equipamiento básico emocional. Están arraigadas biológicamente en nuestra naturaleza y forman parte de nosotros, tanto si queremos como si no. En cambio, el modo en que manejamos este tipo de formas de comportamiento innatas está en nuestras manos: poseemos la libertad de sopesar las diferentes posibilidades de actuación y de decidir de acuerdo con nuestros propios motivos y criterios.
Un aspecto importante del autocontrol lo constituye la habilidad de moderar la propia reacción emocional a una situación, ya sea esa reacción negativa o positiva (por ejemplo: no sería conveniente expresar excesiva alegría ante otras personas, colegas o amigos, que están pasando en ese momento por situaciones problemáticas o desagradables). Precisamente lo mejor que he leído -y contrastado con la realidad- se encuentra en la obra más conocida del psicólogo de Harvard Daniel Goleman[2] (Inteligencia emocional), y que sería interesante recoger las sugerencias que propone:

1)      Conocer las propias emociones:
Las personas que tienen una mayor certeza de sus emociones suelen dirigir mejor sus vidas, ya que tienen un conocimiento seguro de cuáles son sus sentimientos reales. Discernir las propias emociones y el grado en que nos afectan tiene trascendencia cotidiana. Nos conviene mucho saber qué personas y qué situaciones nos producen alegría, tristeza, ansiedad, entusiasmo, etc.
En el caso del enfado, puede suceder que sepamos de antemano que acudir a cierto lugar o encontrarnos con determinada persona alterarán negativamente nuestro estado anímico. Por tanto, saberlo es el primer paso... que no siempre damos.

2)      Controlar las propias emociones
La conciencia de uno mismo es una habilidad básica que nos permite controlar nuestros sentimientos y adecuarlos al momento. Sobra decir lo relevante que esta capacidad puede resultar frente a los enfados. Cada uno controla y ritualiza sus emociones como puede. Tres casos: el que se santigua antes de entrar en el despacho de su superior, el que cuenta hasta 20 antes de responder a una pregunta envenenada y la que reposa horas o días en la carpeta de borradores un e-mail antes de enviar un mensaje más eléctrico que electrónico.

3)      Automotivarse
4)      Reconocer las emociones ajenas
El control de la vida emocional y su subordinación a un objetivo resulta esencial para espolear y mantener la atención, la motivación y la creatividad. El autocontrol emocional -la capacidad de demorar la gratificación y sofocar la impulsividad- constituye un imponderable que subyace a todo logro. Las personas que tienen esta habilidad suelen ser más productivas y eficaces en todos sus trabajos.
Las personas empáticas suelen sintonizar con las señales sociales sutiles que indican qué necesitan o que quieren los demás y esta capacidad las hace más aptas para el desempeño de vocaciones tales como las profesiones sanitarias, la docencia, las ventas y la dirección de empresas. Esta habilidad facilita comprender -no necesariamente justificar- comportamientos, decisiones y modos ajenos que nos contrarían y provocan nuestros enfados. Según la función que desempeñemos con respecto a otras personas en la familia o en el trabajo, la empatía nos brindará un poder notable para armonizar, conciliar, inspirar confianza y aglutinar voluntades.


5)      Controlar las relaciones
El arte de las relaciones se basa, en buena medida, en la habilidad para relacionarnos adecuadamente con las emociones ajenas. Éstas son las habilidades que subyacen en la popularidad, el liderazgo y la eficacia interpersonal. Las personas que sobresalen en este tipo de habilidades suelen ser auténticas "estrellas" que tienen éxito en todas las actividades vinculadas a la relación interpersonal".

Actividades básicas para  el control de las emociones
Algunos ejercicios nos ayudan al trabajo mental, como por ejemplo:
  • La Respiración: Esta actividad se basa en la importancia de la respiración como proceso para relajarse. Debe hacerse de forma relajada, sin prisas, y controlando no hiperventilar.
  • La Relajación: Aprendo a relajarme (relajación de Jacobson). Esta técnica consiste en realizar ejercicios de tensión-relajación con cada una de las partes del cuerpo. Cada ejercicio se debe realizar 2-3 veces seguidas, alternando 10 segundos de tensión con periodos de relajación de 30 segundos. forma gradual, practicándola progresivamente, mejorando paso a paso.
  • Demostrar Afectividad: El acercamiento físico, a través del tacto y caricias, es una buena práctica que nos ayuda no sólo a tener un mejor estado de ánimo, sino que permite un control rápido de emociones negativas en las otras personas. Es incluso más efectivo el refuerzo social a través de los elogios y manifestaciones afectivas.
Citas:


[1]  SUEIRO, Enrique. “Anatomía del enfado y control emocional”. ARVONET.. Universidad de Navarra, España. 27/02/2005. Folleto. Esan, Lima Perú.
[2]   Goleman, Daniel.  La inteligencia emocional, José Vergara Editor. 2000. pág. 9 y ss.

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