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lunes, 11 de julio de 2011

Conductismo

Aplicaciones y críticas
Charo Dávalos R.

     Con la publicación en 1913 del artículo de John Watson (1878-1958), nació la nueva escuela conductista que ya anteriormente se había desarrollado a partir de los estudios del comportamiento animal. Los conductistas pensaban que no valía la pena intentar imaginarse lo que la gente ve o siente (como lo hacían los estructuralistas) y como piensan y porque (como lo hacían los funcionalistas). Más bien se concentraron en lo que realmente podían ver. En pocas palabras estudiaban solo el comportamiento y hechos observables.

     Reemplazaron la introspección como método de investigación, por estudios de laboratorio dedicados al condicionamiento, un tipo de aprendizaje. Si se podían determinar el tipo de respuesta que daría una persona o animal frente a un estímulo determinado, opinaban que se conocería lo más importante de la mente (Bravo, 2008, p.3). De esta manera, Watson abanderó la crítica a la Psicología dominante en su época, proponiendo un cambio en los métodos y conceptos para realizar investigaciones puramente científicas.
     Watson adoptó, pues, un enfoque riguroso en términos de estímulo respuesta (E-R) para explicar la conducta. Las respuestas debían explicarse, por su relación de dependencia, con rasgos observables de la estimulación. Como consecuencia de las tesis anteriores, el conocimiento de las técnicas y leyes del aprendizaje, tanto animal como humano, se convierte en el punto central de la Psicología. Su fin: condicionar y predecir los comportamientos para mejorar las habilidades adaptativas de los organismos. De acuerdo con Watson, el principio del condicionamiento surge al describir que en el organismo existen respuestas incondicionadas ante determinadas situaciones. 
     En ese sentido, si se estudian los procesos de condicionamiento se podrían detectar unidades o patrones muy precisos de estímulos y de respuestas, pudiéndose definir mejor la interacción entre organismo y ambiente. Así, se suponía que los comportamientos humanos complejos eran el resultado de una larga historia de condicionamientos. Y a través de estas conclusiones, comenzó a adquirir importancia el estudio del aprendizaje que comienza en el hombre desde su infancia (Begler, 1983, p.54). 
     Otro de los grandes aportes hacia la formación de esta corriente conductista, fue Iván P. Pavlov, cuyas investigaciones y aportes se conocen como “psicología objetiva”. Pavlov era, ante todo, un fisiólogo sin intenciones de establecer una nueva escuela de psicología. Sin negar la importancia de los fenómenos psicológicos, parece haber sido muy escéptico en relación con el modo típico en que los psicólogos se ocupaban de ello. Pavlov consideraba que las funciones de la actividad nerviosa especializada se encontraran en el funcionamiento de los hemisferios cerebrales. 
     El aprendizaje, el pensamiento, la solución de problemas y todas las actividades que se consideraban específicamente psicológicas dependían de la integridad de los hemisferios cerebrales. De acuerdo con Begler (1983) surgieron entre 1920 y 1960, varias teorías acerca del aprendizaje, siendo las más relevantes las de Thorndike, Torman, Hull, Skinner y Wolpe, entre otros. Así, mientras Pavlov consideraba que el aprendizaje se producía por la asociación temporo-espacial de un estimulo (condicionado o incondicionado y una respuesta), a Thomdike (psicólogo conductista estadounidense, 1874-1949) se le debe la introducción del término refuerzo, pensando este autor que el aprendizaje era el resultado de una respuesta instrumental con la que se ha conseguido un estimulo gratificante o satisfactorio. 
     Hull (Psicólogo estadounidense, 1884 – 1952), por su parte, opinó que para que exista aprendizaje no es necesario que exista respuesta, argumentando estas deducciones con conceptos basados en el llamado "conductismo molecular". Tras Hull, Wolpe (estadounidense, 1915 – 1997) anunció que la conducta neurótica era un conjunto de hábitos persistentes de una conducta desadaptadora aprendida, ante situaciones que provocan ansiedad.


     Respecto a las aplicaciones del conductismo, sabemos que los trabajos de investigación sobre los principios del aprendizaje son el marco sobre el que se han desarrollado múltiples tecnologías de ingeniería del comportamiento, como la Terapia de Conducta, la Modificación de conducta, el Análisis Conductual Aplicado, e inclusive algunas formas heterodoxas que incorporan otras nociones teóricas y filosóficas (las terapias conductual-cognitivas y las cognitivo-conductuales). Con ellas resulta posible el tratamiento de una inmensa variedad de problemas en los campos clínico, educativo, comunitario y organizacional, la salud, el deporte, las emergencias, la gerontología y la psicopatología, entre otros, con unos índices de eficacia razonablemente altos. 
    Cabe destacar que los sujetos de intervención pueden ser tanto individuos y parejas, como grupos sociales y familiares. Entre las numerosas técnicas disponibles se encuentran las de exposición en vivo (p. ej. reforzamiento positivo, moldeamiento, extinción, castigo positivo y negativo, etc.), las de exposición en fantasía (reforzamiento encubierto, inoculación del estrés, desensibilización sistemática y otras), las de entrenamiento en autorregulación de competencias (autocontrol, manejo de la ansiedad, habilidades sociales, etc.), y de reestructuración racional (p. ej. solución de conflictos, aceptación y compromiso, entrenamiento autoinstruccional, etc.). Es de notar que las técnicas más complejas -en las que suelen intervenir el lenguaje y los llamados repertorios "cognitivos"- incluyen los procedimientos empleados por las más simples. 

      Entre las críticas que se han hecho al conductismo, tenemos las siguientes:
  • Ignora la consciencia, los sentimientos y estados de la mente. No le asigna un papel a la personalidad, al Yo ni al "sí mismo". No da lugar a la libertad, a la voluntad ni a la intencionalidad. 
  • No intenta explicar los procesos cognoscitivos, la intuición, la información ni el proceso creativo. Ve al sujeto como un receptor pasivo. 
  • Es mecanicista: concibe lo psicológico como un conjunto de respuestas ante estímulos. Descuida la dotación innata y el papel del sistema nervioso. 
  • Está desfasado del desarrollo actual de la ciencia. Trabaja con animales, asimilando su comportamiento al humano. Sus aplicaciones son envilecedoras (premios, castigos) y hasta brutales (descargas eléctricas, vomitivos, etc). 
  • Es operacionalista: identifica los fenómenos con las esencias. Es una ideología que mantiene la psicología como ciencia natural, no preocupada por los fenómenos sociales.
Referencias:

Begler, J. (1983). “Psicología de la conducta”. 1era Edición, Editorial Paidós, Barcelona.
Bravo, E. (2008). “Historia y evolución del conductismo”. Universidad Nacional Autónoma de México.  México D.F.
Martorell, J.L. y Prieto, J.L. (2002). “Fundamentos de Psicología”. Centro de Estudios Ramón Areces. Madrid.

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