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domingo, 31 de julio de 2011

LENGUAJE Y PENSAMIENTO

Planteamientos sobre la relación entre lenguaje y pensamiento
El Monismo lenguaje-pensamiento es defendido por Humboldt, Marx y los filósofos materialistas, Saussure y Malmberg (Citados en Gutiérrez, 2009). Afirman la estricta dependencia del pensamiento respecto del lenguaje, sobre todo en su desarrollo y elaboración. Los filósofos materialistas señalan que pensar es siempre pensar en una lengua determinada. Este asunto ha sido estudiado por la Psicología del desarrollo, en la que se basan los monistas para argumentar que la humanización es un proceso social mediante el cual recibimos los medios para autoafirmarnos; el principal de los medios es el lenguaje. Así pues, el desarrollo del pensamiento humano se debe a las influencias culturales cuyo medio de transmisión es el lenguaje. Por lo que, ya que es la condición del pensamiento, es la barrera radical entre el animal y el hombre.
EL Dualismo lenguaje-pensamiento es defendido por Platón, Aristóteles y los representantes de la Ilustración y el Idealismo. Señalan que el lenguaje y el pensamiento son procesos independientes. Algunos lingüistas, como Buyssens (Citado en Gutiérrez, 2009), señalan que el pensamiento tiene primacía sobre el lenguaje, que el pensamiento es el que toma la iniciativa en el empleo de la lengua como medio de comunicación. Buyssens argumenta que la lengua impone límites a la comunicación, por lo que hay conocimientos individuales inexpresables, y que el pensamiento influye sobre la lengua modificándola.

Otra postura, en lo que se refiere a las relaciones entre lenguaje y pensamiento, es la de Sapir, antropólogo y lingüista norteamericano, que estudió el comportamiento lingüístico de varias tribus indígenas americanas. Para Sapir (Citado en Gutiérrez, 2009), el mundo real se construye sobre las costumbres lingüísticas de un grupo, por ello no existen dos lenguas que representen la misma realidad social. Whorf, que dio su contenido concreto a los principios formulados por Sapir tras compararlos empíricamente en la lengua de los hopi de Arizona, quienes desconocen las categorías de tiempo y espacio, empleando en su lugar las de subjetivo y objetivo, en las que lo subjetivo es lo futuro y lo objetivo es lo realizado, es decir, el presente y el pasado- llega a la conclusión de que el lenguaje es un producto social, señalando que, como hay diversos sistemas lingüísticos, forzosamente deben existir distintas formas de pensar y de concebir el mundo.
En lo que se refiere al origen de las palabras, hemos de puntualizar que no se derivan de las cosas, sino que son una materialización del pensamiento. De hecho, sin ideas no hay palabras. Ahí está la verdadera relación entre el lenguaje y el pensamiento, precisamente el lenguaje es la expresión articulada de aquél. El pensamiento, por su parte, es inmaterial, el lenguaje es material; el pensamiento es individual, el lenguaje es social.
En lo que a la adquisición del lenguaje se refiere, hay diversas teorías. Noam Chomsky -lingüista, filósofo, activista y analista político estadounidense, fundador de la gramática generativo-transformacional- se centra en el papel que desempeñan la mente y la experiencia de los sentidos en el proceso de adquisición del conocimiento. Según él, los principios por los cuales la mente adquiere el conocimiento son innatos. Para Chomsky (Citado en Gutiérrez, 2009), los seres humanos estamos dotados de una forma innata de una capacidad para formar ciertos conceptos. Los niños poseen de modo innato una gramática universal. La adquisición del lenguaje se produce, en opinión de este autor, cuando la gramática universal entra en contacto con la experiencia lingüística y evoluciona hacia una gramática particular. Así pues, señala que somos capaces de comprender y de expresar un número infinito de enunciados nuevos, por lo que el lenguaje es una actividad creadora.
Por su parte, Jean Piaget -psicólogo, filósofo y biólogo suizo que estudió con particular atención la inteligencia de los niños- concibe la construcción de la inteligencia como un proceso que sigue las mismas leyes de funcionamiento que permiten a los seres vivos mantenerse en equilibrio con su medio. Para él, el conocimiento es el resultado de la interacción entre la dotación inicial con la que nacen los seres humanos y su actividad transformadora del entorno, es decir, se trata de un proceso de creación y no de repetición. De ello se deduce que Piaget no acepta la posibilidad de un desarrollo lingüístico independiente del cognitivo, y sostiene que el lenguaje es, en gran medida, el producto del desarrollo de la acción y el pensamiento, ya que tanto la palabra como la idea son imágenes observadas y no a la inversa.
Piaget indica que el grado de asimilación del lenguaje por parte del niño, y también el grado de significación y utilidad que reporte el lenguaje a su actividad mental depende hasta cierto punto de las acciones mentales que desempeñe, es decir, que depende de que el niño piense con preconceptos, operaciones concretas u operaciones formales (Richmond, 1981, p.139).
Desde la Escuela Rusa, Lev Semiónovich Vygotsky, psicólogo bielorruso y destacado teórico de la Psicología del desarrollo, destaca el papel del adulto en la construcción individual del conocimiento en el niño. Para Vygotsky el desarrollo del lenguaje parte de lo social, para progresivamente hacerse interno y convertirse en pensamiento. El psicólogo explicaba que el pensamiento y el lenguaje se desarrollaban en una interrelación dialéctica, aunque considera que las estructuras del habla se convierten en estructuras básicas del pensamiento, así como la conciencia del individuo es primordialmente lingüística, debido al significado que tiene el lenguaje o la actividad lingüística en la realización de las funciones psíquicas superiores del hombre.
Asimismo, Vygotsky considera que el lenguaje está particularmente ligado al pensamiento. Sin embargo, entre ellos no hay una relación de paralelismo, como frecuentemente consideran los lógicos y lingüistas tratado de encontrar en el pensamiento equivalentes exactos a las unidades lingüísticas y viceversa; al contrario, el pensamiento es lingüístico por su naturaleza, el lenguaje es el instrumentos del pensamiento. Lazos no menos fuertes ligan al lenguaje con la memoria. La verdadera memoria humana (intermediadora) más frecuentemente se apoya en el lenguaje que en otras formas de intermediación. En igual medida se realiza la percepción con la ayuda de la actividad lingüística.
Como vemos, mientras que la Escuela Rusa sostiene que el desarrollo del pensamiento se consigue por el uso del lenguaje para estructurar el comportamiento, Piaget y la Escuela de Ginebra creen que el lenguaje es secundario en importancia en el aprendizaje. Una postura conciliadora, en este sentido, es la de Jerome Bruner –psicólogo estadounidense fundador del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Harvard e impulsor de la Psicología cognitiva-. Para él, el hombre en el curso de la evolución desarrolla tres habilidades de representación:
  • Representación enactiva, que consiste en representar cosas mediante la reacción inmediata de la persona. Este tipo de representación ocurre sobre todo en los primeros años de vida. Bruner la ha relacionado con la etapa preoperativa de Piaget.
  • Representación icónica: consiste en representar cosas mediante una imagen o esquema espacial independiente de la acción. La elección de la imagen no es arbitraria. Equivale a la etapa de operaciones concretas de Piaget.
  • Representación simbólica: consiste en representar una cosa mediante un símbolo arbitrario que en su forma no guarda relación con la cosa representada. Equivale a la etapa de operaciones formales de Piaget.
Estas etapas o representaciones, aunque no son sucesivas, pueden superponerse en parte y, poco a poco, suministran más modos abstractos y poderosos de hacer frente al medio en que se desenvuelven. Lo fundamental es que considera lenguaje y pensamiento como dos formas de comportamiento interrelacionadas, pero distintas en su origen y diferentes en su desarrollo. Hemos de decir que el enfoque que da al desarrollo cognitivo es predominantemente psicológico, pero además se ha interesado por el papel que juegan en el desarrollo las experiencias educativas y la familia.
En todo lo anteriormente dicho, podemos ver que nuestro lenguaje revela nuestro pensamiento a los demás, aunque no lo pretendamos. Además revela numerosos datos sobre nuestro origen personal y nuestra identidad social.
Relación entre pensamiento y lenguaje
La relación entre pensamiento y lenguaje es fundamental en cada proceso de construcción del desarrollo personal y para establecer relaciones sociales. Las relaciones entre el pensamiento y el lenguaje son estrechísimas, hasta llegar al punto de que el uno sin el otro. Sobre este punto, Vygotsky (1995) sostiene lo siguiente:
La relación del pensamiento con la palabra no es una cosa, sino un proceso, un movimiento continuo, del pensamiento a la palabra y de la palabra al pensamiento. En dicho proceso, la relación del pensamiento con la palabra sufre cambios que se pueden considerar desarrollo en el sentido funcional. El pensamiento no se expresa simplemente con palabras; llega a la existencia a través de ellas. […] Cada pensamiento se mueve, crece y se desarrolla, desempeña una función, resuelve un problema. Este flujo del pensamiento se da como un movimiento interno a través de una serie de planos (Vygotsky, 1995, p. 202).
Como señala Vygotsky (1995), en los animales, incluyendo a los antropoides cuyo lenguaje es fonéticamente semejante al humano, y cuyo intelecto es afín al del hombre, la palabra y el pensamiento no se encuentran interrelacionados. Asimismo no cabe duda de que en el desarrollo del niño existe un período pre-lingüístico en el pensamiento y una fase pre-intelectual en el lenguaje. Pensamiento y palabra se encuentran conectados por un vínculo primario. La conexión se origina, cambia y crece en el curso de su evolución. Sin embargo, Vygotsky acota que sería un error considerar el pensamiento y la palabra como dos procesos sin conexión que pueden ser paralelos o cruzarse en ciertos puntos influyéndose mecánicamente. La ausencia de un vínculo primario no implica que entre ellos sólo pueda formarse una conexión mecánica. La futilidad de muchas de las investigaciones anteriores se debió en gran parte a la presunción de que el pensamiento y la palabra eran elementos aislados e independientes y el pensamiento verbal un fruto de su unión externa. En si podríamos definir el lenguaje como pensamiento en forma oral
Por otro lado cabe señalar respecto al análisis genético del lenguaje y el pensamiento, que la relación entre ambos procesos no es constante a lo largo de su desarrollo, sino variable. Esta relación cambia durante el proceso del desarrollo, tanto en cantidad como en calidad. Por lo tanto, la evolución del lenguaje y el pensamiento no es paralela ni uniforme. Sus curvas de crecimiento se juntan y separan repetidas veces, se cruzan, durante determinados períodos se alinean en paralelo y llegan incluso a fundirse en algún momento, volviendo a bifurcarse a continuación.
El lenguaje y el pensamiento proceden de raíces genéticas independientes. Este hecho ha quedado demostrado consistentemente por toda una serie de investigaciones en el dominio de la psicología animal. Ambas funciones, en todo el reino animal, no sólo tienen raíces diferentes; su desarrollo, además, sigue líneas distintas. Las investigaciones sobre el intelecto y el lenguaje de los antropoides, especialmente las de Köhler (1921, citado en Dale, 1992) tiene un valor decisivo para revelar este hecho trascendental.
Los experimentos de Köhler ofrecen una demostración patente de que los rudimentos del intelecto, es decir, del pensamiento propiamente dicho, surgen en los animales con independencia del desarrollo del lenguaje y sin relación alguna con sus logros. Las invenciones de los monos en la preparación y uso de instrumentos o en el empleo de vías indirectas (rodeos) durante la resolución de diferentes tareas, constituyen indudablemente una fase inicial en el desarrollo del pensamiento, pero una fase pre lingüística.
Según el propio Köhler, la principal conclusión del conjunto de sus investigaciones consiste en haber demostrado que el chimpancé manifiesta rudimentos de un comportamiento intelectual similar al del hombre. La ausencia de lenguaje y lo limitado de la huella estimular (las representaciones) son las principales razones de la enorme diferencia existente entre el antropoide y el hombre más primitivo. Köhler dice: “la falta de una herramienta tan infinitamente valiosa (el lenguaje) y las limitaciones del importantísimo material intelectual básico, las denominadas representaciones, explican por qué el chimpancé le resultan inaccesibles incluso los rudimentos elementales del desarrollo cultural. Con lo anterior expuesto por Köhler, se resume que: se manifiesta una inteligencia parecida a la humana en ausencia de un lenguaje más o menos comparable al humano, luego las operaciones intelectuales son, en los antropoides, independientes del lenguaje.
En resumen lo que interesa es la relación entre pensamiento y lenguaje en el desarrollo filogenético de ambas funciones: El pensamiento y el lenguaje tienen diferentes raíces genéticas. El desarrollo del pensamiento y el lenguaje siguen líneas distintas y son independientes uno del otro. La relación entre el pensamiento y el lenguaje no es una magnitud más o menos constante en el transcurso del desarrollo filogenético. En la filogenia del pensamiento y el lenguaje, podemos reconocer indiscutiblemente una fase pre lingüística en el desarrollo de la inteligencia y una fase pre intelectual en el desarrollo del lenguaje.
Pese a dichas raíces genéticas diferentes, no podemos desconocer que el pensamiento influye sobre el lenguaje porque este es el signo del lenguaje; no hay lenguaje sin pensamiento como no hay verdadera palabra si carece de sentido, es decir, de pensamiento. En cambio, muchas veces nos hayamos la palabra que exprese nuestras ideas. El pensamiento preside la formación del lenguaje, no solo en cuanto al vocabulario, sino también en cuanto a la sintaxis, cuyas leyes son expresión de leyes del pensamiento. A un pensamiento rico en ideas y en matices, corresponde un lenguaje rico y preciso.
Por su parte el lenguaje sirve admirablemente al pensamiento. De las ideas que pueblan nuestra mente, una gran parte ha sido adquirida por la enseñanza, lo que equivale a decir, por medio de la palabra, más que la observación de los hechos. El lenguaje se utiliza en aclarar pensamientos que se presentan oscuros y vagos al principio; es así un efectivo instrumento de análisis. Lo es también de síntesis. Muchas veces una palabra sola, o una frase, condensa un largo proceso mental. Sirve para estabilizar nuestras operaciones intelectuales. Los elementos separados por la abstracción y la generalización volverían a reunirse en lo concreto, si el lenguaje no permitiera separarlos.
De este modo no se necesita volver a hacer esas abstracciones y es posible comunicar a los demás sus resultados. El lenguaje es un poderoso auxiliar de la memoria. Porque facilita la fijación de los conceptos y su ordenación en la mente. Hay personas que necesitan leer en voz alta para aprender y retener las ideas. Pero, sobre todo, el lenguaje es el instrumento de que nos servimos para comunicar a los demás nuestros pensamientos, y, a su vez, para recibir los de los otros. Las palabras expresan siempre conceptos, juicios y razonamientos: es lo que se llama el pensamiento; de modo que aun los términos que se refieren a fenómenos afectivos activos, en realidad expresan conceptos.
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